Una semana “profesional”

Una de las exposiciones del Visa pour l'Image Dmitry Kostyukov para The New York Times

Del 31 de agosto al 5 de septiembre tuvo lugar la semana profesional de Festival Visa pour l’Image, en Perpignan, el festival de fotoperiodismo internacional más importante de los últimos 27 años. Tengo dudas de si será el más importante de los próximos 27.

Sorprende la cantidad de gente que su director y fundador, Jean François Leroy, es capaz de aglutinar en esta ciudad, que tiene mucho menos encanto que la gran mayoría de ciudades francesas. Año tras año, editores de fotografía de grandes revistas y periódicos referentes a escala internacional y fotógrafos de todo el mundo se reservan esta semana para ir a Perpignan.

El Festival en sí deja mucho que desear: exposiciones larguísimas, poca variedad en los temas expuestos, ediciones densas, los ya clásicos marcos negros con paspartú blanco roto, conferencias de temas repetitivos, proyecciones infumables, cada vez menos agencias y pocos editores para tanto fotógrafo suelto.

Los primeros dos días parece que aún está todo por montar: el wifi no va, las agencias todavía no se han instalado en los stands, hay poca gente… A partir del miércoles empieza la llegada masiva de fotógrafos y también la de los editores estrella, que dan citas de 10 minutos para poder cubrir toda la demanda. Es un mercado curioso, el nuestro: los editores son como profesores a quienes enseñas los deberes de verano, que esperas que te aprueben con buena nota, para después seguir.

En esta edición el acto estrella del festival ha sido un diálogo entre Jean François Leroy (Visa pour l’Image) y Lars Boering (director del World Press Photo). Un intento de debate sobre el estado del fotoperiodismo a raíz de la polémica que llevó al director del Visa dejar de exponer las fotos del WPP: El fotógrafo Giovanni Troilo ganó uno de los premios del WPP con el proyecto “La Ville Noire”. En una de las fotografías, tanto la luz como la escena son artificiales. Sí, es una representación de la realidad, pero no es espontánea. El problema fue que el fotógrafo no lo especifica en la información que acompaña la fotografía. Por este motivo decidieron revocarle el premio.

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La polémica foto de Giovanni Troilo de su trabajo “La Viile Noire”

Para el Sr. Leroy este no es el único problema, ya que una vez descalificado el fotógrafo, la exposición del WPP siguió quedando fuera del festival. Leroy tampoco está de acuerdo con que la fotografía ganadora del WPP 2015 sea la de una pareja de homosexuales en un momento íntimo, en su habitación en St Petersburg (Rusia). Evidentemente no es el único que pone en duda que esa sea la mejor fotografía de prensa mundial del año 2014. Tampoco comparte la de la edición anterior: un grupo de migrantes africanos buscando la señal de teléfono de Somalia, estando ellos en la costa de Djibouti. Según él, la guerra de Siria, la epidemia del ébola o los refugiados en Europa serían los temas más relevantes de los últimos tres años en el ámbito fotoperiodístico. Él es quien decide qué y cómo se expone en el Visa pour l’Image y, hasta que el World Press Photo no vuelva a ser lo que era, seguirá quedándose fuera del Festival.

El Sr. Boering, que hace nueve meses que ejerce el cargo de director, representa una fundación y defiende la decisión del jurado. No se esconde detrás de ellos, resalta que el concurso es juzgado por expertos destacados del periodismo visual, representados en diferentes aspectos de la profesión. Son independientes a la fundación y varían todos los años. El concurso tiene 60 años y se actualiza año tras año. En la última edición han incluido una nueva categoría para proyectos de largo recorrido. Acaba su intervención con una promesa: revisarán las reglas y serán mucho más estrictos a la hora de revisar los proyectos, para que todos cumplan bien las bases.

Al final hay divorcio amistoso, el debate acaba con un abrazo frente las cámaras.

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Fotografía de John Stanmeyer, ganadora del World Press Photo 2014

En los pasillos, fuera del auditorio, se habla de que, igual que ocurre en el periodismo escrito, también en el fotoperiodismo tendría que existir un código ético. Tal y como lo vemos ahora, ¿el fotoperiodismo es testimonial pero aburrido como lo muestra Jean François Leroy? Si en el pie de foto se especifica que la fotografía es manipulada pero representa la realidad, ¿puede ser merecedora de un World Press Photo?

Me queda un sabor de boca un tanto amargo, no se realmente qué es lo que acaba de pasar ni si eso supondrá algún cambio, reacción o evolución en el mundo del fotoperiodismo. Lo único que sé es que los fotógrafos seguiremos luchando para sobrevivir, publicar, exponer y recibir premios (si tienen una recompensa económica, mejor).

Doy una segunda oportunidad a las proyecciones, esta vez tirada en el suelo de la Place de la Republique. Llego tarde, pero llego. Veo: tres reportajes seguidos sobre el ébola, una retrospectiva de mil años de un fotógrafo en Marruecos y de repente, Bronx Boys de Stephen Shames. Qué maravilla! Qué lección! Me voy del festival contenta de haber estado y de haber compartido la experiencia con un grupo de grandes profesionales y buenos amigos.

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Bronx Boys, de Stephen Shames
Fotografía de portada:
Una de las exposiciones del Visa pour l’Image. Dmitry Kostyukov para The New York Times
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